jueves, 24 de marzo de 2011

Lo que salió de Vietnam: "Dog Soldiers"

Después de leer varias críticas entusiastas de Dog Soldiers, me lancé sobre la novela de Robert Stone con curiosidad y ganas de comprobar si había para tanto. Y vaya si lo hay. Después de un prólogo del ubicuo Rodrigo Fresán (¿tirará algún folio sin aprovechar?) me aguardaba un alucinante viaje desde la selva vietnamita hasta las reuniones de los gurús más psicodélicos de la Costa Oeste. Por el camino: yonquis, diálogos tronchantes, las bambalinas de la guerra de Vietnam, yonquis, periodicuchos sensacionalistas, torturas, tiroteos, seguimientos, yonquis, pastillas, timos, altos funcionarios del Gobierno sin miedo a ensuciarse las manos, asesinos a sueldo, más yonquis... Y, omnipresentes, tres kg de heroína pura que despiertan la codicia de todo aquél que se cruza en su camino.
 

El argumento es sencillo: Converse es un periodista de tercera que cubre la guerra de Vietnam. Mediante algunos contactos compra 3 kg de heroína pura que gracias a un amigo suyo, Hicks, consigue introducir en EEUU. Hicks ha de entregarle la heroína a la mujer de Converse, Marge, pero los traficantes a los que se la iban a vender pretenden hacerse con ella de balde. Así que Hicks yMarge, amantes ahora, se lanzan a la huida perseguidos por un peligroso funcionario estatal, Antheil, y sus dos secuaces. Tras este argumento de thriller asoma una feroz visión de los años 70, tanto de la parafernalia militar como de los paladines de la contracultura. El desfile de personajes estupidizados por la droga (empezando por el trío protagonista) es grotescamente cómico. Los afilados diálogos de Stone, ciertamente antológicos, muestran la incoherencia, los cambios de humor y la actitud de estar de vuelta propios de los yonquis.

La cruzada militar contra el Vietcong está pintada con tintes muy negros: un cúmulo de crueldades, gasto humano y material, corrupción, todo tipo de trapicheos y la droga como una de las pocas maneras de evadirse. O de medrar. Converse se mete en el negocio del narcotráfico con una ingenuidad que le vuelve una carnaza idónea para tiburones más curtidos. Pero en su angelismo mete en el juego a un personaje que provoca la entropía allí donde pisa: Ray Hicks (a quien el propio Converse había calificado de psicópata, lo que da pie a uno de tantos diálogos memorables). Hicks es probablemente el personaje más atractivo de la novela, un lunático que, tras enamorarse de una japonesa, abrazó el código samurái a su manera y buscó la manera de conducir su vida conforme a él. Viendo la palmaria estupidez de sus socios (Converse y Marge), con la heroína encima y gente peligrosa que se la reclama, comienza una huida en la que se cruza con muchos excolegas, todos arrasados por la drogadicción y con un ojo puesto en la bolsa de heroína. Las situaciones estrambóticas se suceden en un curso ascendente que engancha sin remedio. Brillante la escena en la que Eddie Peace (otro pirado) quiere timar al escritor ávido de experiencias para su libro.

Pero me dejo atrás muchísimas cosas y apenas he sugerido la pericia narrativa de Stone, su hábil conjunción de personajes estrambóticos y diálogos perfectamente pulidos, la amargura de su visión de una sociedad esquilmada por la guerra, la necedad de unos movimientos pseudorreligiosos atragantados por una ingesta mezcla de misticismo y drogas, el infierno luminoso de la heroína (¿en algún momento suena convincente el interés de Marge por su hija?)... Recomiendo con urgencia este libro (no soy el único: véase el blog DEBORAHLIBROS) muy bellamente editado por Libros del Silencio, muy admirado por multitud de escritores y que deja una huella duradera. Como colofón  copio la cita de El corazón de las tinieblas que encabeza el libro:

He visto el demonio de la violencia, el demonio de la avaricia y el demonio del deseo ardiente; pero, ¡por todos los cielos!, eran demonios fuertes, vigorosos, con ojos rojos, que tenían a su merced a hombres; a hombres os digo. Pero de pie en aquella ladera, presentí que, bajo la cegadora luz del sol de aquella tierra, iba a conocer un demonio fláccido, pretencioso y con ojos apagados, de una locura voraz y despiadada.

Dog Soldiers, de Robert Stone
Traducción de Mariano Antolín e Inga Pellisa
Prólogo de Rodrigo Fresán
430 págs
Miradas
Libros del Silencio

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